Cómo conciliar las malas actitudes en el trabajo
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Hoy en la mañana discutía con mi superior inmediato acerca de las actitudes laborales y como estas afectan las relaciones de trabajo a niveles muy complejos. El complicado mundo de las emociones humanas es tan colorido que no hay cabida para las mentes cuadradas y las exigencias automáticas.
No puedes cambiar el humor y el carácter de una persona tan fácilmente, solo puedes pedirle que adopte una política personal más tolerante o inclusiva dentro de los límites de su comportamiento, o llegar a un acuerdo para el cese de sus labores si su actitud no te sirve de mucho, tampoco debes evitar sentir – pero si evitar actuar en base a ello – la culpa de ver a un buen elemento convertido en un problema, porque significa que algo hiciste mal en tu proceso de relacionamiento con él. Haz de recordar que tú también eres humano presa de las mismas emociones.
No se vale el dispendio descarado de las malas actitudes bajo la premisa de un puesto de mayor peso, ya que se supone que las reglas y políticas son para todos, es decir, son incluyentes de principio a fin. Nadie escribe una regla esperando romperla, aunque exista ese contrato invisible y cobarde de hacerla a un lado en cuanto sea incómodo.
¿Qué hacer con un elemento que presenta una mala actitud?
De buena gana, lo primero que se debería hacer es dialogar con esa persona. Digo esto usando la frase “buena gana” porque significa que no se pretende regañar o intimidar al empleado. Un dialogo franco, abierto y sencillo, el cual, para que se de, significa que primero se debe generar confianza. Es decir, para poder exigir, primero hay que enseñar y dar el ejemplo.
En segundo lugar, hay que proporcionar oportunidades para demostrar lo contrario y quizá hasta un poco de ayuda profesional. En nada sirve una respuesta plana como “Está bien jefe, me portaré mejor”, es una respuesta fría, llena probablemente de rencor, amargura, sufrimiento, recelo o tal vez simple aburrimiento ¿Has hecho algo por esa persona que se portó mal? ¿Y por qué se portó mal? Hay que verlo nuevamente en el accionar laboral, darle un espacio para resarcirse o confirmar nuestra sospecha sobre su mala actitud.
Es irresponsable decir simplemente “¡Ánimo, tu puedes!” si no le hemos dado la oportunidad o lo asfixiamos, así que en tercer lugar, hay que darle tiempo para reflexionar y mejorar. Estando siempre al pendiente de él, sin caer en el excesivo juego de estarlo llamando o corrigiendo todo el tiempo. La motivación no siempre viene en palabras, a veces la gente sólo necesita estar solo un tiempo y reflexionar sobre sus acciones para volver al ataque.
En cuarto lugar, hay que darle reconocimiento y oportunidades de crecimiento, porque seguramente en la carencia de esos elementos, es en donde radica la mayor parte de su inconformidad y, por consiguiente, su mala actitud.
Después de todo, hay personas que en su actitud reflejan sus principios y creencias, es muy posible que simplemente nos esté diciendo con ello que ya no esta dispuesto a apoyar en su actual posición, pero le cuesta trabajo abandonar la plaza que este ocupando, si ese es el caso, quizá en lugar de un despido, sea necesaria una reubicación o un cambio de actividades. Si después de todo esto, aun presenta alguna mala actitud y es reacio al cambio, quizá sea el momento de hablar con él sobre su baja tratando siempre de hacerle entender que es su actitud lo que no está cooperando al logro de los objetivos.
Hablo de esto, porque veo incontables autoridades llegar muy tarde o a veces ni siquiera aparecerse, pero desvivirse en insultos o amenazas para un subordinado que ha llegado unos minutos tarde. Digo esto, porque observo directivos y dueños de empresas llegar vestidos como se les antoje, pero reclamar al más mínimo descuido en el uniforme de trabajo ¿Somos o no somos parejos? La respuesta es NO SIEMPRE, PERO DEBERÍAMOS, y ahí es dónde “tuerce el rabo la marrana” como bien decía mi sabia abuela.
Aug18












